Armando Carrillo: ¿La administración de la transformación?

Columna / César Cabrera

Tomada el 26 de noviembre del 2015, a escasos dos meses de haber llegado a la Presidencia Municipal, una fotografía ilustraba a los que serían los encargados de llevar el rumbo de la administración local.

Los 34 funcionarios, entre secretarios, jefes de departamentos y asesores, no querían quedarse fuera de la foto con Armando Carrillo Barragán, recién electo Presidente Municipal. En primer plano, destacaba al lado derecho del alcalde, el Secretario Municipal, Lorenzo Rosales. Polémico, fue titular de dicha oficina hasta finales de ese mismo año, luego de que por “cuestiones personales” dejará el cargo y meses más adelante, a un día del Primer Informe de Gobierno del edil, fuera asesinado a las afueras de su negocio.

A la izquierda del alcalde, vemos también al Síndico, Merarí Olvera Pérez. Del grupo del Diputado Federal, Fernando Salomón Rosales, se le relacionaba de igual manera con el empresario Juan Tapia.

Con las “gestiones” del legislador y otras del segundo, logró etiquetar recursos para diversas obras y acciones al interior del municipio. Sin embargo, poco a poco fue perdiendo piso y terminó lidiándose con algunos personajes claves en su entorno. Lo anterior, derivó que solicitara ante el Cabildo, su licencia para separarse del cargo.

En primera instancia, en voz de él, se dijo que fue por recibir amenazas de muerte, aunque después rectificaría asegurando que se iba por motivos de salud.

Tras su salida, se le sigue viendo rondar por el Palacio Municipal e incluso, es uno de los que aspira por la candidatura del Revolucionario Institucional para la alcaldía porteña.

A un costado de él se ubica Cruz Viveros, responsable del Instituto de la Mujer. Dicha dependencia, ha sido señalada por organizaciones como “Humanas Sin Violencia” de no contar con recursos para la atención y prevención del delito hacia la mujer, lo cual ella rechazara tajantemente, en una entrevista, que con más a fuerza que de ganas, me concedió.

En la primera línea, a tres asientos de Carrillo Barragán, se encuentra Jaime Garduño, cuya función, según se lee en el organigrama del Ayuntamiento, es la de manejar las Relaciones Interinstitucionales del gobierno local. Airoso, ha sido un fiel colaborador de Armando Carrillo.

Dos asientos más a la derecha, resalta el controvertido Rubén Ortega, quien en su momento fue el titular del departamento de Aseo Público. Sus confrontaciones tanto con Enrique Maldonado, director de Servicios Públicos Municipales y con el sindicato, dieron la pauta al incontrolable problema de la recolección de basura. Las pugnas internas y la falta de una verdadera estrategia, hicieron de este aspecto, uno de los mayores fracasos de la administración. No hace mucho, fue enviado a la oficina de Mercados y Panteones, pero ante la salida de varios regidores, está próximo a ser uno de ellos, en calidad de suplente.

Ya en la esquina, se ve a Christian Yacuta. Como encargado de Protocolo y Logística. Pasó de noche, al menos en el plano laboral. Sin embargo, de acuerdo con informes de la Contraloría Municipal, su departamento es de los que más observaciones se le han emitido.

Atrás de Rubén, está el Contralor José María Barajas Hernández. Con cierta experiencia en el Palacio Municipal, es uno de los más cuestionados funcionarios por Marco Antonio Rodríguez Santillán, regidor precisamente del PRI. Esto, por los “incompletos” informes que presenta cada tres meses sobre la transparencia y operación dentro del marco legal de la administración.

A su izquierda, sonríe Walter Torres Zaragoza. El que fuera Tesorero Municipal, y sería asesinado a bordo de su camioneta.

También en esa línea, se aprecia al cuestionado Arnulfo Mora, Jefe de Comunicación Social, quien más que hacer enemigos, se los ha hecho al alcalde.

En esta segunda línea, destacan el Secretario Técnico, y amante de la caza de animales, Ángel Mario Isasaga Peres; junto, el actual dirigente local del PRI, Sergio Gallo Valdovinos; el autoritario Jefe de Patrimonio, Rafael Zarco Rangel y el hoy Síndico, Omar Salas Nicaso, quien le regaló parte del problema de Playa Azul al gobierno municipal.

De los 34 personajes que aparecen en la foto, dos fueron asesinados y los demás, solicitaron licencias o presentaron su renuncia, como fue el caso de Luis Antonio Valdovinos, que hasta el 31 de enero estuvo al frente de Ecología Municipal.

No obstante, a diferencia de los 33 restantes, en la medida de lo posible hizo su trabajo. Al inicio de la gestión, a este gobierno se le llamó el de la transformación. Se comprometió a no cometer los mismos actos de corrupción, desvíos de recursos y venta de jardines y áreas verdes, que fueron un común denominador de los gobiernos anteriores.

No pasó mucho tiempo para demostrar que al igual que los anteriores, terminarían por ser parte del grupo de políticos que quedaran en la historia negra de Lázaro Cárdenas: Bonos por horas extras, salarios estratosféricos y prácticas de nepotismo, terminaron por hundir no sólo su prestigio, sino de igual manera sus aspiraciones políticas, tal y como sucedió con el propio Armando Carrillo Barragán.

Triste, pero muy triste el desenlace de aquella administración que se comprometió a “transformar” a este municipio.

En breve, de diputada, se le llegó a considerar como regidora y en su momento, hasta Presidenta Municipal. Sin embargo, con el fracaso de su ex esposo, todo indica que se limitará a ser la Presidenta, pero honoraria del DIF Municipal. La suerte de Armando alcanza a la señora Francisca Guadalupe Chan Panti.

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