La experiencia inolvidable de hablar en público

Por Rafael Gómez Villela

Impartir una conferencia formal o un discurso político, sindical o religioso ya sea para convencer o impresionar, persuadir e incitar a la acción o dar un informe en la empresa o entretener en una reunión social sin duda es una experiencia disfrutable, inolvidable, ya que no hay otra emoción más regia y profunda que lograr un auditorio conectado, emocionado, convencido y satisfecho por haber asistido a un evento público que rebasó sus expectativas en materia de comunicación.

Dado el éxito al término de su actuación, el orador se queda con una marca indeleble en su corazón, este es un especial sentimiento de fuerza interior, de poder, de orgullo, por haber logrado una presentación exitosa, esta experiencia de verdad placentera es única, no tiene repetición o segunda parte, un discurso es una joya fina de alto precio envuelta cuidadosamente en una caja de regalo elegante, decorada con buen gusto para darla como obsequio a un auditorio.

Esta metáfora puede ser dicha de otro modo, cuando un grupo de personas acude a escuchar una exposición y el orador logra extasiarlos con su tema porque se preparó seriamente para esa ocasión, hizo labor de investigación en diferentes medios para enriquecer su presentación, además reflexionó sus mejores ideas y presenta un discurso pulido, coherente, con proyecto, con propósito y cumple el objetivo, el público que es el soberano juez otorga su veredicto final premiando al orador con un grandioso aplauso de admiración y reconocimiento, siendo esta ovación sincera y espontanea el mejor premio que pueda recibir, le han honrado con la más alta y merecida distinción.

Esto es habitual en un conferencista u orador profesional, cada presentación exitosa le genera orgullo y poder, sus recursos crecen, su amor propio aumenta, su estatura se agiganta, la suma de estos estados produce una mezcla espléndida de emociones inefables.

Hablar en público y tener éxito es una de las mejores cosas que nos pueden pasar en la vida es tan fuerte el impacto que difícilmente llegamos a olvidar, no obstante, los años pasen, esto lo saben muy bien quienes se ganan la vida comunicando sus ideas a grupos numerosos.

Si tú hablas en público y quieres pulir tu oratoria, alinear tus procesos de expresión para ser más eficiente o tener mayor variedad de herramientas para preparar diferentes tipos de discursos, conferencias, temas o clases y desarrollar habilidades en la presentación para lograr con creces los objetivos o amplificar capacidades cognitivas para tener mejor memoria, acrecentar las facultades de atención y concentración, imaginación o visualización, entonces te conviene un entrenamiento serio, profesional y efectivo.

Recuerda, las personas que logran maestría en sus funciones son aquellas que emplean cientos de horas en estudio y práctica, claro que estos esfuerzos suponen grandes recompensas.

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