Por Francisco Rivera Cruz
Lázaro Cárdenas, Michoacán.- A cinco décadas de la histórica decisión presidencial que transformó la Costa de Michoacán, la siderúrgica Sicartsa –inaugurada formalmente el 4 de noviembre de 1976– se mantiene como el motor fundamental de la integración económica del Pacífico mexicano. Sin embargo, el crecimiento industrial contrasta fuertemente con un histórico desequilibrio en el desarrollo urbano y social de Lázaro Cárdenas, advirtió el ingeniero Gabriel Magallón Barajas, exdirector de la emblemática planta.
En el marco de las actividades de conmemoración coordinadas por la asociación civil “Sicartsa, nuestra historia”, encabezada por Héctor Huacuz y Carlos Hernández Corona, se informó que el exdirectivo no podrá asistir presencialmente a los festejos en el puerto debido a complicaciones de salud. Aun así, Magallón Barajas compartió una profunda reflexión sobre el origen, la reestructuración operativa y el legado social de la empresa.
Magallón Barajas destacó que la decisión del expresidente Luis Echeverría Álvarez de edificar una planta acerera en esta zona representó un acto de visión política y técnica que integró a una región históricamente marginada al desarrollo nacional.
“La planta siempre ha tenido futuro y buen desarrollo desde su construcción hasta la actualidad; ha sido el motor que, junto al puerto, dio imagen y potencial al manejo comercial de la zona del Pacífico hacia el este de Estados Unidos y Canadá”, sostuvo.
Asimismo, resaltó que Sicartsa fue el factor determinante para la conformación de la propia identidad lazarocardenense, una sociedad diversa integrada por familias provenientes de distintas partes del país, principalmente de los estados vecinos a Michoacán.
Al rememorar su llegada a la dirección de la planta –fruto de su trayectoria y capacidad técnica en un momento crítico para la siderúrgica–, el ingeniero explicó que el principal reto fue recomponer los liderazgos internos y eliminar las divisiones entre departamentos.
Para lograr una transformación profunda, implementó un modelo de gestión participativa basado en supervisión directa con recorridos diarios desde temprana hora por las distintas áreas productivas y evaluación constante, a partir de reuniones periódicas con superintendentes y mediciones semanales de resultados.
En ello, se subrayó la unificación de objetivos una alineación de incentivos enfocados en el producto final (varilla y alambrón de calidad).
No obstante, Magallón Barajas enfatizó que su mayor logro al frente de la siderúrgica no se midió solo en toneladas de acero, sino en el factor humano:
“Debíamos sentir que la empresa era nuestra y trabajar en función de ello. Mi mayor logro fue crear una mística de pertenencia, donde los trabajadores sintieran que la empresa no era solo del gobierno, sino de todos”.
A este esfuerzo se sumó la integración de las familias de los operarios mediante actividades sociales y educativas, fortaleciendo el tejido social tanto dentro como fuera de las instalaciones industriales.
Al reflexionar sobre el presente de la ciudad, el exdirector señaló que Lázaro Cárdenas todavía arrastra la complejidad de su origen acelerado y presenta un marcado desequilibrio entre el crecimiento de la industria y el desarrollo urbano y social.
Para revertir estos rezagos, recomendaría, dijo, conjuntar esfuerzos entre la iniciativa privada, los tres órdenes de gobierno y la sociedad organizada; de lo contrario, advirtió, las carencias comunitarias seguirán acentuándose.
Finalmente, al reconocer la labor de la AC “Sicartsa, nuestra historia”, instó a la población a preservar la memoria colectiva: “Un pueblo que olvida su pasado pierde su identidad. SICARTSA ya no es la misma, pero su esencia permanece en quienes la construyeron”, concluyó.


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