Autoridades mágicas y ciudad nauseabunda

Señor Suárez / Opinión

No cabe duda que este, mi pueblecito, es de primera a quinta, según para donde lo volteemos a ver.

Ufano de tener empresas de calidad y Puerto de calidad mundial, también tiene a una ciudad en abandono y a sus habitantes entre aguas negras y basura.

Y no hablemos de rapiña por áreas verdes y otros vicios perfeccionados de un gobierno a otro.

Los que aquí habitamos, perdimos todo el poder de asombrarnos por el gran cúmulo de calamidades que suceden en este nuestro terruño.

Y nadie es capaz de levantar la voz como exigencia, para ver si pararan algunos abusos a los que estamos expuestos día con día.

Los abusos, no sólo se ponen en marcha por parte de las Autoridades que nos gobiernan, si no por todos los prestadores de servicio que forman parte del endeble y pobre entramado social, que ya nos caracteriza como una sociedad sin sentimiento alguno.

Aquí en nuestro gran pueblecito, nos venden litros de gasolina de 800 mililitros, kilos de  tortillas, de carne, de verduras, etcétera, de 800 gramos.

Bueno, si nos venden agua cruda del río Balsas, como agua potable de primera calidad, con cualquier cantidad de materia fecal y coliformes.

Nos ofertan un servicio público de transporte carísimo, de muy mala calidad y con muy mal servicio, comenzando por los trogloditas choferes, quienes no respetan al usuario y que además son unos cafres al volante.

En este mi pueblecito mi Lázaro Cárdenas, vemos a diario el gran desarrollo Portuario de Primer Mundo, que recibe las grandes y onerosas cargas del mundo; mientras que nuestro pueblecito de … (ponga usted la escala), nos recibe en su zona urbana, con su clásico olor a cloaca de fosa séptica, pese a los más de mil millones de presupuesto anualizado, del cual las autoridades municipales en turno, se encargan de desaparecer como por arte de magia y sin dejar huella de donde fue a parar ese estratosférico presupuesto.

Es una verdadera tristeza que todo esto suceda en nuestro pueblecito y que los más de 100 mil habitantes que aquí cohabitamos, que día a día trabajamos, generamos riqueza y pagamos nuestros impuestos para que simplemente no pase nada y todo siga igual.

Nos sigamos sumiendo en la anarquía en la contaminación itinerante, en los olores nauseabundos de esa gran cloaca de la corrupción e impunidad, de la que ya formamos parte, tal vez sin darnos cuenta.

Un gusto estar con ustedes.

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