Por Francisco Rivera Cruz
Lázaro Cárdenas, Michoacán.- Morena está metido en la pelea electoral interna decididamente, por lo menos en Lázaro Cárdenas es evidente y se usa un evento de entrega de apoyos y de salud para el propósito.
Son las 11 de la mañana y aunque el evento está convocado para las 13 horas, ya están plantados los seguidores de tres equipos: Nalleli-Arquímides, Julieta García y empleados del Ayuntamiento, para las vivas al encargado del despacho.
A la usanza del PRI, que dicen aborrecer y vomitar, hacen a la gente que espere horas a que llegue el gobernante. Poco importa haber vaciado al Ayuntamiento, el Capalac y alguna otra dependencia. Necesitan “que se haga bulto”.
A la 1:30 llega en avión el jefe Bedolla al aeropuerto local. En camioneta apenas tres kilómetros y llega al sitio donde lo esperan.
Para entonces en las redes sociales están las imágenes de los equipos que presumen músculo de movilización.
La presencia del Jefe alienta a los equipos y las porras a sus concernientes ahogan los mensajes del que da bienvenida y los que siguen.
Lázaro Cárdenas es territorio de la 4T dice el Jefe y estimula los galillos y la agitación de pancartas.
Algunos están sin estar, no los envuelven los mensajes, ni el barullo. Se acercan a los que los llevaron y preguntan si ya se pueden retirar.
Hubo quien teniendo de fondo las expresiones de Bedolla que ofrece “no están solos” hacia quien se quedó en la alcaldía los 60 días que la alcaldesa decidió descansar de cinco años de gobernar, gritaba “Corruptos, son la misma chingadera”.
Las anotaciones de quien era la regidora Verónica Vázquez, inquietaron a elementos de la policía, que pronto la rodearon, aunque ella ni se inmutó y siguió su plan.
Las porras para Julieta, Juan de Jesús y otros interrumpían los discursos. Uno de los mensajes era de Giulianna Bugarini, quien hace tres años aplaudía a Silvano, ahora a Bedolla, y por la que alguien se acercó para preguntar ¿Es Nalleli Pedraza? No, es la secre de Bienestar. Uta tiene el timbre y las ideas.
Todo normal, dice a su equipo uno de protocolo estatal. Empiezan a dispersarse.
Se acerca un hombre a poner el sello: ¿A qué vino? ¿Se repartieron las sillas o eran de utilería y servirán para otras entregas?
Al final, el testimonio irrefutable de que hubo presencia humana: basura a la vista; tirados y pisoteados, incluso los folletos de salud repartidos en el evento.


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