Marisela en LC, un concierto al filo de la tragedia

Por Francisco Rivera Cruz

Arrollados, detenidos, inicio de un linchamiento, susto, solidaridad, enojo, confusión, fuerte intervención policial y de fuerzas del orden, entre muchos otros elementos frenaron bruscamente el canto de La Peque, con el que coreaba a su manera el tema de “A cambio de qué”, que a más de 100 metros de ella cantaba Marisela, “La dama de hierro”.

De frente a la pantalla que proyectaba a la artista, gozaba con todos sus sentidos la canción, que grabada en 1985, fue uno de los mayores éxitos del álbum Completamente tuya de la cantante y actriz. Detrás de ella escuchó gritos que súbitamente subieron de intensidad al mezclarse con alertas y dolor que inevitable la hizo voltear.

En principio creí que era por la emoción por la canción y el concierto, dijo, la idea porque en cuatro décadas de carrera, la cantante es la primera vez que llegaba a Lázaro Cárdenas, en el día 16 de la Expo Feria LZC de este 2025.

Una camioneta GM se abría paso entre la muchedumbre asistente al concierto arrollando a concurrentes. La gente detiene al vehículo, que en segundos, si acaso minutos, pasa de impecable blanco a inservible, rayada y abollada, por los golpes, sillazos, patadas y algunos proyectiles de lo que se tuvo a la mano.

En principio, latas y botes de refresco y cerveza rebotaban en el vehículo, que al mantenerse avanzando prendió ánimos y en un marco de rechiflas intentan detenerlo golpeando violentamente con lo que encuentran, incluida las sillas que habían llevado para estar cómodos sobre la calle a unos 110 metros del escenario en que cantaba la baladista.

Un tipo saca una navaja y pincha una llanta y pasa a la siguiente con rabia desbordada, mientras otros patean con todas sus fuerzas, al acto quiebran vidrios y cuando iban a sacar al par de sujetos que estaban en la camioneta, arreciaba el grito ¡Línchenlos! ¡Van drogados, línchenlos!, cuando intervino la policía, que puso una patrulla frente al carro que ocasionaba el desorden.

El escenario fue en la avenida Rector Hidalgo, a la altura de los campos de futbol y a pesar que había sido cerrada en su carril derecho para seguridad de asistencias y la circulación se había trasladado al carril izquierdo, habilitado para ambos sentidos. ¡Por donde demonios se metió ese güey!

La camioneta estaba estacionada en el camellón de Rector Hidalgo, de donde bajó a la cinta asfáltica. Ya ahí, quiso abrirse paso entre quienes empezaban a cantar la siguiente canción; la gente metida en el concierto no advirtió al carro en movimiento por lo que fue arrollada una mujer y la grita de los cercanos impidió que fuera más grave el saldo porque la unidad motriz no era detenida.

Alguien, en reacción rápida retiró una carriola con bebé que estaba al lado de la atropellada. La grita arreció y el ambiente se tensa, mientras huele a miedo, impotencia y unos no pueden contener sus ganas de dar escarmiento. Hay quien grita ¡Volteamos esa madre si hay gente debajo!

Cuatro o cinco minutos antes, Peque quería tomarse su pastilla para la presión, pues la hora prescrita estaba rebasándose. Y miró al camellón, junto a donde entonces estaba la camioneta estacionada. Esto porque carca estaba un estanquillo movible de venta de hamburguesas y pensó en ir por una botella de agua para pasarse el medicamento. Decide no moverse, para no perder su lugar y porque el tema musical le transmitía alegrías y recuerdos. Se pone la pastilla en la boca y la pasa con saliva.

Un elemento de tránsito estaba a unos metros, pero en el momento crucial se pasmó, se convirtió en un espectador más por algunos segundos y solo reaccionó cuando elementos de seguridad estatal y municipal y de la Guardia Civil, se acercaron para intentar poner control, estando ya para entonces “molida” a golpes la camioneta y rotos los vidrios, cuando los sujetos recibían algunos puñetazos y esquivaban otros.

Fue necesario que llegaran más fuerzas y elementos de la Marina para brindar protección a los ocupantes del minutos antes moderno e impecable vehículo. Los sacaron hacia la puerta de entrada al concierto para resguardo.

Alguno gritaba ¡Suéltamelo al hijo de perra para que lo ponga en su lugar!, mientras empujaba a los policías y tiraba un enérgico puntapié. La situación se repetía con el segundo tipo ataviado con jeans y playera negra con escudo del Capitán América. Elementos policíacos cubrían y trataban de esquivarlo en una acción rápida de poner a salvo a los actores de la situación.

¡Míralos con su cara de estúpido! ¡Para eso se drogan!, dice fuerte una mujer con voz entrecortada por el coraje.

En sitio un poco más seguro, hacia el campo uno de la unidad deportiva municipal, donde el concierto. Una patrulla de la policía municipal ingresa para sacarlos del lugar. Un dron sobrevolaba el lugar, aunque pasaba inadvertido para la mayoría que tenía la vista puesta en los arrollados, centralmente una mujer, la camioneta destrozada y algunos en el lugar que había servido de resguardo para los protagonistas.

Seguía el concierto de Marisela, de quien se dice que tiene dos nacimientos, el de Los Ángeles California, Estados Unido un 24 de abril de 1966. Y un segundo en México, cuando decidió ser cantante. El canto le dio gran fama en los años ochentas y convirtió en empresaria, después de haber probado en la actuación.

Era casi la media noche, al concierto le faltarían unos cuatro o cinco temas para cerrar. El rato amargo incomodaba a muchos, incluso a la Peque, que decide retirarse. Después de todo ya había recordado y a ratos hasta abierto garganta con temas de El Buki, que la cantante mexicoamericana tiene en su repertorio. O revivido: El chico aquel, Enamorada y herida, O me quieres o me dejas, La dama de hierro, Sola con mi soledad, Completamente tuya y otras baladas pop, incluidas algunas en ritmo banda.

La Peque casi dos horas atrás, presurosa, cerraba su negocio de cenaduría, decidida a escuchar a Marisela, quien como nadie en el mundo de la música, colocó en el gusto de su público los 10 temas de un disco, el álbum Sin él, grabado en 1984, que contribuyó en gran medida a que lograra el récord de 41 millones de discos vendidos.

De haber caminado por agua para mi pastilla pasando por donde la camioneta, otra historia sería, y si pospongo tomármela también, me habría descompensado y hubiera sido llevada en la ambulancia también como la mujer arrollada que vi subían a la ambulancia, contaba mientras ponía tierra de por medio, eso sí reproduciendo en la bocina del modesto carro en que regresaba, música de Marisela, “Pa calmar los nervios”.

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