Por Francisco Rivera Cruz
Lázaro Cárdenas, Michoacán.- Cada quien vive un duelo a su manera, sin embargo, hay que dejar que fluya el sentimiento y llorar la pérdida tanto como se quiera, recomienda la tanatóloga y psicóloga clínica Teresa Sandoval.
En charla con Paco Rivera Noticias, dice que con una pérdida –que no necesariamente es de un familiar, porque puede ser un amigo, un empleo y hasta el momento de la jubilación–, parecer perder sentido la vida, pero hay que buscar consuelo en quien se confía, y de persistir o aumentar el dolor, ir con un profesional en tanatología.
El momento de un duelo, es el proceso psicológico y emocional para adaptarse a la falta de un ser querido o de algo, y en el caso de jubilación, habría que hacer planes anticipadamente, ya que en no pocos casos al ser otro el proyecto de vida, se autopercibe como un inútil, y frecuente se preguntará ¿ahora qué sigue?
Y hay mucho que hacer, en el caso de un jubilado o una persona mayor, ir a una casa de los adultos o las áreas de seguridad del IMSS, por señalar ejemplos, siempre en la idea de estar activos emocional y físicamente, haciendo socialización.
Duelo es porque duele, y muchos, lo viven desde la culpabilidad reprochando ¿por qué lo hice, o por qué no lo hice?, se enfrascan en culpas para disfrazar su dolor.
Recordando y recomendando leer el libro “Muerte. Un amanecer” de la doctora de origen suizo, Elizabeth Kübler-Ross, sustrajo los cinco pasos que la estudiosa recomendó para transitar un duelo.
Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación, son las etapas que describen el proceso emocional que las personas pueden experimentar al afrontar una gran pérdida, sin embargo, no tienen orden y se puede ir de uno a otro, o estacionarse en uno.
Da mucho trabajo aceptar que se ha ido un ser querido, que se vive una enfermedad o un cambio vital significativo, cuestionando el clásico ¿por qué a mí?
De culpas: Si hubiera sabido que allá lo iban a curar, de haber intuido que eso le iba a pasar no lo dejo ir o lo hubiera acompañado, entre otros cuestionamientos.
En algunos casos se evita llegar a la depresión, al hablar del tema o la partida para irlo asimilando y para la aceptación dejar de creer que va a regresar que solo está ausente temporalmente, aunque eso baje el dolor.
Sandoval Licea, quien es conferencista y ha laborado desde su profesión con el DIF Lázaro Cárdenas y el Instituto Municipal de la Mujer, dice que cuando acaba de pasar un evento, no se les debe hacer recomendaciones porque no hay nada que alivie su dolor, y ya pasados los 17 días, de no verlo que pueda solo o con su círculo cercano, debe acudir a un psiquiatra.
Es momento para una ayuda psicológica, tanatológica o farmacológica, lo que determine el especialista, según el cuadro que detecte.
Describió la existencia de varios tipos de duelo, como el anticipado, que se permite por un diagnóstico de enfermedad terminal, o duelo crónico, en el que se consumen años culpándose, y donde algunos optan por una medicación para frenar el pensamiento de lo perdido.
Se vive también un duelo ausente, para protegerse del dolor, y es donde se fantasea en que pronto reaparecerá, ello para no enfrentar el dolor; o el duelo inhibido: yo arreglo los papeles, hago trámites en panteón, etcétera, en que no se está tal vez porque no le gusta lo vean llorar.
Duelo desautorizado, que es cuando “no llores porque no lo dejas descansar” o delo distorsionado, que no le lloró a un familiar, pero sí en la muerte de un amigo, porque hasta ese momento saca su duelo.
Precisa la especialista que todo duelo lleva a la depresión y ansiedad, sin embargo hay que buscar ayuda en el entorno familiar y si el caso persiste, en un profesional, y preferentemente identificar desde donde se vive la situación para el momento de ir con el psicólogo o tanatólogo: tristeza, miedo o culpa.


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