Último timbrazo de Lupita, resumió más de 40 años de vocación docente

Por Francisco Rivera Cruz

Lázaro Cárdenas, Michoacán.— Entre pétalos de rosas que alfombraban el suelo, un cielo cubierto de globos blancos, el mariachi entonando las notas de Caminos de Michoacán y un sonoro y prolongado aplauso, la comunidad escolar de la primaria “Primero de Mayo” vivió este viernes una jornada de emociones encontradas. Se cerraba una etapa dorada, pero se celebraba la vida ejemplar de quien dedicó más de cuatro décadas a moldear el futuro de cientos de niños: la directora Guadalupe Orozco Rodríguez.

El eco de un acento norteño y el cariño inquebrantable

“¡Mushashos, ya estoy aquí!”, solía anunciar con una sonrisa, recordó la maestra Marisela al entregarle un presente y anotar que entrañarán su natal acento norteño. Ese grito alegre, que durante 13 años resonó en los pasillos de este plantel en la tenencia de Las Guacamayas, quedará grabado para siempre en la memoria colectiva de la escuela.

Acompañada por su esposo, el exregidor municipal y exjefe de tenencia Fernando Cabrera Garfias, sus tres hijos y la supervisora escolar Yolanda Román Román, la homenajeada vivió un homenaje tan cálido como merecido.

Los alumnos formaron una valla humana desde la cancha de usos múltiples hasta la dirección escolar. Fue ahí, rodeada de la comunidad escolar, padres de familia y maestros, donde la maestra Lupita activó por última vez el timbre escolar, marcando el fin simbólico de una trayectoria impecable y el inicio de su merecida jubilación.

“La queremos con el alma. Esto es solo un destello de lo que merece”, dijo la conductora visiblemente emocionada.

Una vida forjada en la resiliencia y la vocación

La historia de Guadalupe Orozco es el testimonio vivo de la resiliencia. Originaria de la sierra de Chihuahua, quedó huérfana de madre a los dos años y, más tarde, también perdió a su padre, lo que hizo que su formación educativa inicial fuera compleja y errática. Sin embargo, el destino y los lazos familiares la trajeron a Lázaro Cárdenas gracias al impulso de su hermana mayor, Teresa de Jesús.

Con esfuerzo, concluyó sus estudios básicos y logró ingresar a la Escuela Normal de Arteaga, donde fue aprobada. Su vocación no conoció obstáculos: su primera plaza la llevó a Tumbiscatío, a donde se trasladaba montada en burro. Posteriormente, fue asignada a Arteaga, a una “escuela” que ni siquiera contaba con un solo salón de clases. Su camino continuó por la tenencia de Las Cañas del msmo municipio serrano y, en 1984, llegó a Acalpican, ya en este municipio de Lázaro Cárdenas.

Ya radicada en esta municipalidad donde se casó con Fernando Cabrera, buscó estar cerca de su familia. No le importó aceptar un grupo en la primaria “Primero de Mayo” con tal de estar cerca de los suyos. Su disciplina y amor por la enseñanza no tenían límites: en 1993 cursó una maestría en Acapulco, viajando incansablemente los sábados para no faltar jamás a su compromiso con sus alumnos.

Tras promoverse al turno matutino y asumir la dirección técnica de la misma escuela, demostró que su liderazgo iba de la mano con la acción: gestionó y logró, con el valioso apoyo de los padres de familia, la instalación de aire acondicionado en todos los salones del plantel, mejorando notablemente las condiciones de aprendizaje.

“Esto no es un adiós, sino gracias por tanto cariño”

El momento más emotivo llegó con las palabras de despedida de dos alumnos de sexto grado, quienes con sorprendente madurez expresaron el sentir de la escuela: “Es un día de sentimientos encontrados; se cierra un ciclo importante, pero nos invade la alegría por la jubilación de nuestra querida profesora. Esto no es un adiós, sino gracias por tanto cariño”.

Mientras el mariachi recorría el repertorio de la música mexicana con piezas como El son de la negra y Cielito lindo, la maestra Lupita caminó con la emoción a flor de piel. Al dar el último toque al timbre, se despidió con las palabras que definieron su paso por las aulas: “Los quiero mucho, niños. Hasta luego”.

Una maestra se gradúa de la vida docente, pero su legado de entrega, paciencia y amor seguirá latiendo en cada rincón de la escuela “Primero de Mayo”, cerró la docente conductora del programa.

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